Ni la lluvia ni el viento hicieron desistir, ni se suspendió ningún espectáculo.
“Me enamoré en Titirimundi”, decía un voluntario junto a su pareja con su hijo en brazos, después de haberse conocido hace años en el festival, dentro de esa marea roja indispensable. “Titirimundi ha sido un descubrimiento para mí, nunca antes había conocido el poder de los títeres ni sabía de su capacidad para tocar el alma, para conectarme conmigo mismo y con el resto de las cosas”. “Titirimundi es un antes y un después”. Son palabras que resuenan en la cientos de dedicatorias que los asistentes al festival iban desgranando y colocando en el kiosko de la Plaza Mayor como felicitaciones de cumpleaños. O Sofía, con letra temblorosa de quien apenas sabe escribir: “Me encanta Titirimundi”. Un encanto que se ha materializado en 52.007 espectadores, quienes han caído rendidos ante la fascinación de los títeres en el 40 aniversario de Titirimundi, que se ha desarrollado desde el 12 hasta el 17 de mayo con 330 funciones (226 en Segovia), superando la cifra de años anteriores casi en 10.000. “Por ellos todos los esfuerzos valen la pena. Ver al público con esta entrega refleja el latido del festival y su necesidad de continuar con este trabajo, en el que seguiremos pidiendo apoyo y colaboración”, cuenta su directora, Marián Palma, que acaba de firmar el convenio con el Ayuntamiento de Segovia de esta edición que ahora termina.
Ni la lluvia, el frío o el viento hicieron desistir a la organización, siempre pronta con un plan B para reubicar los espectáculos de calle, gracias a un público incondicional y a unos titiriteros que saben que la magia que llevan entre las manos es suficiente para mantener la atención y cautivar desde la sencillez y la autenticidad. “Es lo que tiene Titirimundi, un enganche a través de todos los sentidos, y si además brilla el sol, como en el fin de semana, esta gran acogida se hace más gozosa”, expresa Palma. “Las compañías siguen cambiando sus giras internacionales para estar aquí y para dar lo mejor, avalando la trayectoria sólida de un festival de títeres que se ha convertido en uno de los más prestigiosos del mundo. Solo eso es ya un enorme regalo para nosotros, ha colocado a Segovia en el epicentro del arte del teatro de títeres por excelencia, desde donde seguimos manteniendo un nivel muy alto. Un nivel gracias también a un equipo de profesionales, provenientes de diferentes áreas que trabajan desde un mismo espíritu y a un centenar de voluntarios que llegan desde diferentes lugares del mundo para unirse y formar parte del festival en algo que no olvidarán nunca y que les marcará”, añade.
En una edición festiva que el sábado por la noche mantuvo a una Plaza Mayor bailando y homenajeando a la vida en torno a la gran tarta de cartón, 4.921 personas se cobijaron en la intimidad de las 58 funciones de las salas de teatro, donde la belleza, el desafío, la aventura, el humor más fino y la reflexión se entrelazaban en espectáculos que hablaban del paso del tiempo y de todo eso que tenemos que acomodar, dentro y fuera, para ser quienes hemos de ser, quienes somos, evolucionando en una vida que es como una función en la que es preciso subirse al escenario cada día, independientemente de lo que ocurre a nuestro alrededor, como el espectáculo de Rocking Chair Théâtre y sus dos divas que mantenían la alegría de seguir vivas y juntas. L’après midi d’un foehn de Non Nova, la compañía de Phia Ménard que volvía a reflejar la historia del ser humano, que puede dar vida, pero también destruirla, a través de unos títeres en forma de bolsas de plástico forzados a elevarse sobre las montañas, como ese viento foehn del norte de los Alpes. La Chana estrenó El Oráculo, una lectura de vida para cinco elegidos que se encontraban en lo más profundo, a través de esos objetos que siempre ofrecen presencia en su manera de estar ahí y Sofie Krog lo hacía con un montaje lleno de esa locura bizarra y con sabor a cartoon que la identifica. Mientras, Javier Aranda reflexionaba, con su ironía directa y ese encanto sobre la escena, sobre cómo el teatro se entrelaza con la vida misma, hablando con el público en esos encuentros al estilo de bord de scène que esta edición ha desarrollado con éxito e interés. También Títeres María Parrato presentó su último montaje, tan visualmente poderoso con pintura en directo, proyecciones multimedia, títeres y máscaras, para invitar al espectador a repensar el arte como refugio y resistencia. O Estefanía de Paz, en el brillante homenaje guiado por la fascinación hacia la intrépida equilibrista pamplonesa Remigia Echarren (Mademoiselle Agostini), en un montaje sobre el mundo de la farándula y la fantasía, el circo y la magia. Bakélite abrió la edición para continuar con tres de sus hitos a lo largo de su trayectoria, y sus incondicionales no dudaron en unirse a la aventura en el desierto, en mitad de una ciudad o en el espacio sideral. Como la compañía suizo-española Frau Trapp y su Microcine-Teatro, donde abordaba qué ocurriría con nuestros sueños si solo nos preocupa nuestro futuro personal. Unos sueños que Les Hommes Sensibles convertían en ciencia ficción y teatro de objetos de higiene para representar la rutina matutina de un hombre transformada en fantasía intergaláctica.
Además, 1.800 personas fueron espectadores de Titiricole, cada año con más adeptos, 4.120 escolares mantuvieron los ojos bien abiertos en las funciones adecuadas para ellos.
En total, 10.841 espectadores asistieron a los espectáculos representados en interior, sin contar las entradas que van destinadas a protocolo, voluntarios y compañías.
Lleno total también en patios
En los patios, 8.616 personas pudieron ver en la pequeña carpa instalada en el Patio de Abraham Senior a Dominique Kerignard y su Circo de las Pulgas, que el espectador ve una y otra vez como la primera, al igual que los montajes de Teloncillo, que con canciones y música en directo sobre poemas de diversos autores, siempre sabe anidar en el imaginario infantil con una delicadeza extrema. O Alex Marionettes y su famoso títere Mister Barti, lleno de encanto y ganas de vivir. Con sabor a cartoon y al estilo de Tex Avery, la Compagnie Golondrino sembró su vibrante arrebato de sutileza, suspendiendo de los hilos a un títere de hilo de 6 cm. que, a ritmo de tango, compartía con el público su miedo al paso del tiempo, sus pasiones y sus desengaños amorosos, mientras Anita Bertolami transformaba su cuerpo en increíbles personajes invitando a reírse. Acaso también de uno mismo. El virtuoso hombre-orquesta Santiago Moreno (La Muette) sigue cautivando al público, llenándole de asombro, esta vez en un concierto de títeres para un músico y su doble, con una ingeniosa orquesta unipersonal que intenta un encuentro imposible entre el original y la copia, la realidad y la ilusión. Como ilusión es la de La anciana y su pianista de Le Boustrophédon, en un espectáculo de cabaret-circo con marioneta, donde una distinguida mujer descubre en su edad tardía una loca pasión por el equilibrio sobre hilos de alambre y cristal. Porque no siempre es tarde…
Siempre la calle como origen y destino, como fuente de conexión
Los títeres cubrieron las calles con un público ávido de “titirimundear”, agolpándose en las plazas e intentando encontrar un hueco para disfrutar de la variedad de espectáculos. Sumando el público de los montajes (28.900), los talleres de construcción de títeres para niños, de la mano de Gabriel Belloni, El trastero de Lula y Planeta Dots, y el taller de teatro de objetos para especialistas de Katy Deville y Marta Cortel (150), y el indispensable Carrusel d’Andrea, que nos recuerda que la vida sigue girando y al que se suben 3.500 niños, la calle reunió a 32.550 espectadores, 11.000 más que en la pasada edición.
Compañías como Beau Geste jugaron a hacer poesía con hierro y vida para recordarnos la oda amorosa de Romeo y Julieta, el sueño vertiginoso de La Bella y la Bestia, la elegancia y fuerza de Hércules o el mundo industrial interpretado por el pintor Fernand Léger. Bitonio deslizará desde su baúl el encanto de los cuentos de nuestra infancia, los cómics, el cine de fantasía, para dar a luz a un western con títeres de hilo, jugando con nuestros miedos y provocando ternura y con Anonima Teatro volvíamos a viajar hacia lo desconocido perseguidos como en las road movies mientras La Gotera de Lazotea nos devolvía sus canciones, juegos y títeres desde la artesanía, el ingenio y el juego o los incombustibles Titiriteros de Binéfar armaban una Juerga de las buenas, recordando al público ese espacio mágico en el que bailar y compartir una fiesta con sentido pleno. Porque así se celebró este año el Titiricumpleaños: con una fiesta en la calle, el origen, donde no faltó el R&B de Nueva Orleans con las versiones más funky de la brass band segoviana El puntillo canalla, ni la siempre fiel La Troupé de la Merced, siempre indispensable, audaz, vital.
Guixot de 8, siempre a tope, volvió a decirnos que el juego forma parte de la vida, y, como magos de la chatarra y alquimistas de la imaginación, invitó al público el juego libre, ese que es el principio del aprendizaje y la atención en un mundo digitalizado. Como asombro, ternura, encanto, suscitó La recicleta, de Apokellen, el pequeño teatro de marionetas sobre una antigua bicicleta que tira de un carro lleno de fantasía. Abriéndonos a lo inesperado, y a la risa continua, Théâtre Gudule trajo su particular puesta en escena de «Pulcinella e il cane», transmitida de titiritero en titiritero durante más de 400 años, y Mundo Costrini hizo de las suyas gracias al buen rollo de Nonas, montaje que se iba creando conforme pasaban desde San Martín a la Plaza Mayor en una interacción brillante con el público, los comerciantes. Éxito total… Como el de Zurrunka y La semilla voladora, que quería recordar el arte de sembrar y cuidar, salpicando las calles de la ternura que ofrece el paso de los años, la sencillez, las profundas verdades, haciendo aflorar sonrisas llenas de ganas de reencontrar y compartirse. “Eso es justo lo que provoca Titirimundi, esa ilusión del encuentro, de conectar corazones, vidas, de compartir momentos, trayectos, espectáculos que unen, espectáculos que hacen soñar”, apunta Marián Palma.
La labor social de Titirimundi, siempre fuera de programa y dirigida a un colectivo delicado que no puede acercarse a los espacios habituales, continuó este año de la mano de Alex Marionettes, tanto en la planta de tratamientos crónicos de pediatría de un hospital y residencias de ancianos, como en centros penitenciarios y centros de atención de personas con discapacidades psíquicas y físicas. Lugares donde los títeres alientan e impulsan gracias a su labor terapéutica y emocional.
Además, las redes sociales han ardido, la web ha recibido 38.000 visitas durante este periodo, 16.000 más que el pasado año y el impacto mediático ha sido positivo, tanto en medios locales, regionales como nacionales, donde TVE 1 dedicó un directo y una pieza en sus informativos de prime time.
También 48 pueblos de la provincia han disfrutado de sus espectáculos y 50 sesiones conformaron las extensiones en Castilla y León (Ávila, Salamanca, Zamora, León y Palencia); Madrid (Parque de El Retiro, Quinta de los Molinos, Centro Arturo Soria y Museo Lázaro Galdiano; Soto del Real, Guadarrama y Móstoles); Navarra (Barañáin); La Rioja (Villar de Torre) y Galicia (Redondela).
La 40 edición ha hecho honor a la memoria, a la utopía creada por Julio Michel, a la historia del festival, a ese espíritu irrepetible que, como traducía la exposición de Títeres Etcétera en el Torreón de Lozoya, no puede sino evidenciar que el títere es un compañero de viaje y una metáfora del ser humano. “Julio Michel se hubiera sentido bien. No hay mejor homenaje que recordarle llevando su proyecto, su trabajo adonde él quería, al corazón de las gentes, a crear unión y a hacer fluir el espíritu con el que imaginó el festival y le dio vida”, afirma Palma. Al fin y al cabo, los titiriteros siempre tocan el cielo…
Titirimundi agradece también el patrocinio del Ayuntamiento de Segovia, Junta de Castilla y León, Diputación Provincial de Segovia y Ministerio de Cultura, así como el mecenazgo de Coca-Cola, Caja Rural, Grupo José Mª, y la inestimable colaboración de diversas empresas. También a sus voluntarios, siempre dispuestos, siempre ilusionados, y a los medios de comunicación. Y, sobre todo, al gran público…