Creo que pocas estampas pueden representar mejor el mundo de lo popular que Aquella en que un ciego, acompañándose de unazanfona y se supone que cantando una historia,comparte capa -espalda con espalda- con un lazarillo que maneja y hace salir por encima del rebozo a dos títeres, materiales actores del relato. Lafigura es sorprendente y caótica: cuatro piernas,una cabeza sin ojos, dos monigotes, un instrumentoextraño y el público embobado ante ese pandemonium.La etimología de la palabra títere es de las quesiembran la duda en los eruditos y les recuerdanque en polvo se han de convertir. Mientras unoscreen que podría proceder de una onomatopeya -el sonido que hacían con un pito los actores quemovían los muñecos, para atraer al público-, otrospiensan que el nombre o título -titre-procede de lacaja en la que manipulaban su rígida pantomima.Me gusta que el origen sea incierto y confuso; aúnmás, me encanta que «titirimundi» -la palabra quedefine al grupo que hace realidad esta fiesta anualdespertándonos a estacazos al niño que todos llevamos dentro-, sea también un trastrueque deconceptos que convierte la pequeña boca sintelón del teatrillo portátil en un inmenso cosmorama donde el universo se asoma y se ve representado.JOAQUÍN DÍAZ