Como por suerte viene ya siendo habitual,laprimavera llegaa Segoviaacompañada de títeres.La cosa suele anunciarse con una presenciamás frecuente de Julito en la calle. Y esque lacalle para Julito tiene la dimensión del zocomagrebie. Con éste apalabra unas sillas, conaquel concierta un alojamiento paratresmarionetistas del Nepal, con aquella quedapara un poquito más tarde… sin esa tontería fríay anglosajona de no mezclar el ocio ynegocio.Ahora además, para más emocióndesusincondicionales, el Festival se mueve en unarelación amor-odio con las instituciones que lofinancian. Relación de lo más natural, a nuestrojuicio,yque convierte al buscadordesubvenciones en avezado pescador de truchas,en maestro en la preparación de cebos,experto en el arte de largar para luego cobrar.Y es que… ¿A quién se le ocurre dar dinero paraquevengan a esta ciudad unostiposextravagantes y bastante atractivos, con pintade no tener un duro y capaces de ligarse a tupareja con la mano izquierda mientrastehipnotizan agitando un monigote con laderecha?Y del público que arrastran.. ¿ qué les vamos adecir ?, miren hacia ambos lados si es que en sucasa no tienen espejo.!Pues hala! Échense a la calle a ver si ven algúntítere y, si es posible levántense algún titiritero/adel que acordarse el resto del año.¿ O es que personas como ustedes puedenperder el tiempo leyendo presentaciones cursisy relamidas como esta?El Conde de Vezoya