¿Hay algo más imprevisible que la maleta de un titiritero?De ella salen la princesa y el dragón, el castilloencantado, el monstruo terrible, el torero aficionadoy el dueño de la cachiporra. A veces sólosalen sombras, y el resultado no es menos espectacular.En Segovia se sabe mucho de esto, porque se han abiertomuchas maletas de titiriteros. Estos son viejosamigos desde que en 1985 se «inventara» el festivalde Titeres.El público, que no tiene demasiadas ocasiones de dejarseencantar, estuvo atento a los prodigios quese producían detrás de teloncillos diminutos y entrode lleno en el mundo de Dom Roberto, de Orlando,de Mr. Punch. Se hizo amigo de bonecos y pupis, de brujasy polichinelas. Habló su mismo idioma.No sólo eso. Quien más, quien menos, hubiera pasadoun examen elemental de técnica: que si la varillao el guante, que si los hilos o las sombras… Que si lo viejoy lo nuevo, la tradición y la vanguardia. Porque entreesos dos polos ha girado siempre el Festival.En Segovia está a punto de abrirse otra vez la maleta,porque tras un paréntesis, vienen los titiriteros./El paréntesis es todo un símbolo, pues, a pesar del apoyo delpúblico y de la calidad de los espectáculos, siempreha habido que luchar para conseguir una nueva edición.)En la de este año hay acentos varios, pero dominael italiano. Algunos personajes hablan como en el siglopasado, y otros están inventando un lenguaje nuevo. Por primera vez viene un grupo de Checoslovaquia..Pero las sorpresas se destaparán en el momento preciso.Por cierto, habrá que estar atentos, porque la calleserá este año escenario privilegiado. Titiriteros de todacondición desplegarán su arte por las esquinas,v esta ciudad las tiene maravillosas. Habrá que salirsin prisa y con el ánimo dispuesto a quenos cuenten historias.Angélica Tanarro