Por Alexis Fernández

Me río, me carcajeo. Rodorín por los suelos, A. L. agazapada… M al fondo “enrisetada”. Y yo cierro los ojos. Por si las moscas. Por si al abrirlos estoy perdida en esta locura.

Pier Pourcheron en Algo huele a podrido.

Pier Pourcheron en Algo huele a podrido.

Escena 1. Acción. He ahí a un actor ciertamente torpe y con la cabeza en otro sitio –siempre en el techo de ojalata- cuya ambición es convertirse en un actor de tragedias de un gran teatro. Pero solo tiene a su disposición un teatrillo. Y tampoco cuenta con actores… Solo con un ayudante y un radiocassette. Y el ayudante silencioso y taciturno, con una misma cara. Ah, y con una tiza para dibujar decorados.

Ser o no ser… He ahí la cuestión. Hacer o no hacer… Ahí radica la duda…

Escena 2. Acción. Vamos a hacer Hamlet. Pero un Hamlet muy imaginativo. Libremente imaginativo. Volando la imaginación. Yendo hacia lugares… Poco comunes. Nada comunes. Un Hamlet… Particular. Particularmente… Original. Particularmente payaso. Particularmente eficaz… Particular. E inteligente. ¿Inteligente? Y curioso. Muy curioso. Desconcertante. Y… difícilmente etiquetable.

Comienzo de Algo huele a podrido, de la cía Elvis Alatac

Comienzo de Algo huele a podrido, de la cía Elvis Alatac

Y de repente, ¡ahí está Ofelia convertida en una bella rosa!, y ya sale Hamlet como un tenedor de barbacoa, o Gertrudis, la tetera roja. Y el cortador de pizza, Laertes. ¿Y Polonio? Una botella de… Zumo… O de vino. Vino malo. Y el punzante Claudio, y hasta el fantasma del rey de Dinamarca, transformado en un ovillo de lana y otros accesorios… Lo que hace ser fantasma…. Y ahí está lo más serio del mundo: el texto de Shakespeare. Pero también algunos guiños a Ubú Rey y a películas americanas como El Exorcista o El Padrino

Escena 3. Acción. Lo agitamos todo, junto a Pier Porcheron, el actor, comediante y clown hiperactivo y la compañía Elvis Alatac… Et voilà: Algo huele a podrido, espectáculo festivo-sangriento divertido, loco, pero muy loco, y payaso. Un montaje de teatro de cachivaches que pone el dedo en la llaga y la risa en el espectáculo. Una versión “hamlética” y atlética para espectadores entregados al teatro de objetos y títeres en distancias cortas. ¡Y 45 minutos para desentramar la terrible suerte del rey de Dinamarca!… Mucha suerte…

 

 

 

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