Por Alexis Fernández

Paseando a Miss Daisy, Tamanka Teatro

Paseando a Miss Daisy, un coche teatralizado en el que en sólo 5 minutos nos lleva de viaje a través de mundo… De la imaginación…

En el Azoguejo no cabía un alfiler, tanto que me costó llegar al volkswagen con chófer que me llevaría hacia horizontes desconocidos. Pero allí estaba, justo bajo la sombra del acueducto, y, cuando lo vi, me dije: “Es mi turno, mi pasaje”. Antía, de Ce, fue mi azafata y me condujo hasta la puerta, donde Miss Daisy, con acento muy francés y vestida de charleston junto a su conductor-aviador, me hizo pasar a la parte trasera, al lado de mis compañeros de viaje. Apretaditos, nos metimos en el coche de Tamanka Teatro para ver su espectáculo de 5 minutos y viajar sin movernos, como se viaja desde un sillón cuando leemos un libro o cuando imaginamos otros mundos, y a nosotros mismos en ellos. Estaba claro, nos encontrábamos en un coche encantado donde por un instante olvidarnos de la vida rutinaria y entregarnos a los sueños: un bálsamo para curarnos de realidad. Me puse la media sonrisa y la mirada serena y amable capaz de verlo todo a 180 grados, y cerraron las puertas… Estábamos dispuestos. Visitamos París, “olalá”, con sus paseos en monociclo a través de Montmartre y la torre Eiffel, y me imaginé con sombrero, vestida de postín, dejándome llevar y caminando entre la gente sin que mis pasos se detuvieran, nada más que para admirar la vida de la ciudad de la luz. Nadamos en el océano entre delfines y ballenas que parecían bailar alegremente entre las olas, y me refresqué un ratito, y entonces pensé en el verano… Tomamos el sol -y las nubes- en nuestro pequeño salto al cielo en globo aerostático. Desde allí, tan arriba, todo se veía diferente, más pequeñito, todo lo superfluo importaba menos, y el aire era más puro… Después llegamos a algún lugar de África, no sabría decir dónde, quizá Tanzania, Kenia, pero no importaba, me dejaba llevar como la propia Miss Daisy, entre la vegetación y los animales de la selva, donde el aroma a madera de palo de rosa y los sonidos de la Naturaleza me incentivaron la mirada de aventurera. Hasta tuve que quitarme de encima alguna rama de ceiba. Cuando estábamos en el momento más dulce, llegamos a Segovia de nuevo, dentro de Titirimundi. Y, entonces otra vez, continuamos nuestro sueño…

Con elementos extremadamente sencillos, música y un coche donde se desarrolla este precioso microespectáculo, Tamanka Teatro estimula los sentidos a través de la delicadeza con la que aborda una sencilla pausa en nuestra cotidianeidad. Los dos personajes, cual magos del día a día, extraen de una simple mesa todos los elementos necesarios para conducirnos a diversos lugares alrededor del mundo, con títeres de y varilla de papel, cartón, tela, con los que abordan la grandeza del mundo de la manera más sutil para regalarnos un momento de esa vida que ofrecen los viajes y que nos hacen sentir libres, plenos: como aquellos que cuentan esas historias verdaderas para luego ofrecérselas a los que más quieren, en todo un acto de amor. Un microespectáculo lleno de versatilidad y sencilla emoción sólo para espíritus románticos…

Accidenti!

Si Pirandello afirmaba que todo ser humano se coloca cada día una máscara para recitar la comedia de la vida, ahora Fausto Barile está dispuesto a jurar que además hay cien mil personajes dentro de nosotros. De hecho, un teatro entero entre sus costillas, convertidas en palcos desde los que asoman pequeños espectadores.

Y es que se sabe que en la panza de los seres humanos bullen pensamientos, miedos, humores y emociones. Dispuesto a mostrar su “mágico” y poblado mundo interior, más que abrir la boca, Fausto prefiere abrir su tripa: se desabotona el abrigo y la camisa y abre su barriga para enseñárnoslo. Sin precauciones ni prejuicios. Es más, con alevosía. Accidenti!…

Rufino Clown, Roberto di Lernia, Fausto Barile

Rufino Clown y su Gran Teatro de Dentro

Con una mirada jocosa y siempre atento a lo que ocurre alrededor, Rufino Clown –tras el que se encuentra el fantasioso actor milanés y artista de calle Roberto di Lernia, al que desde 1992 avala una experiencia formativa con personalidades del mundo del clown, como los Colombaioni, Mark Eriksson, Jango Edwards, Rita Pelussio, Eric de Bont o Johny Melville, entre otros; ha intervenido en la película Pinocchio de Roberto Benigni, y ha colaborado con compañías como Girovago y Rondella Family Theater; Ambrogio Sparagna y la Bosio Big Band; o Trukitrek (Isla Mosquito y en solitario Blue Moon), además de que sus montajes pueden verse habitualmente en cuatro circos italianos: Side Kunst Cirque, Circo el Grito, Circo Paniko y Magda Clan- juega sin parar, pero lo hace sin esfuerzo, con calma. Total, todo está ya dentro. De una manera sencilla, y en apenas diez minutos, crea pequeñas atracciones, cómicas y poéticas acciones para regalarnos una ilusión y una sonrisa con su pequeño teatrito, que emerge con dignidad desde su barriga. Lo que no sabemos es qué dirán sus tripas o si esos pequeños personajes que surgen de su caja torácica –como si fueran Jonás dentro del estómago de la ballena- y que parece que se lo pasan tan bien como nosotros, espectadores de afuera, voyeurs de lo que ocurre ahí dentro, nos observan con el mismo afán. Al final, un momento de fiesta, y no podía ser de otro modo: Confetti sobre todos…

Tan sencillo como irremediable

 

Teatro TeHB

Un momento de La enciclopedia de los dragones de Teatro TEHb

Entrar en la furgoneta del Teatro TEHb –palabra que en ruso significa “sombra”– es entrar en un teatro especial, al alcance de la mano, donde todo aparece como si estuviéramos en Liliput. Apenas caben más de 4 adultos o 3 niños y 2 adultos, y todo es tan delicado, sutil y rigurosamente cuidado que sólo es posible estremecerse ante las historias que Maia Krasnopolskaya e Ilya Epelbaum narran a través de diminutos títeres de varilla y un teatro de sombras tan sencillo como irremediable.

Con La Enciclopedia de los dragones la compañía rusa recorre el mundo de las leyendas europeas y de sus monstruos, la eterna lucha entre el bien y el mal, el intento de satisfacer al dragón, vencido por el héroe, que a su vez sucumbe ante el amor. Acaso el amor… Decidí sacar la dragona que llevo dentro. Intenté comerme el mundo, como ese dragón que en su boca porta la Tierra. Pero no soy más que un ser humano, mortal, mirando desde un poco más arriba, como si nuestra parte más cercana al cielo se hubiera revelado de repente y asistiéramos impasibles a todo lo que ocurre ahí abajo. En el mundo.

 

 

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