Por Alfonso Arribas. Hay personas que tienen un don y se enriquecen a su costa, y otras que nos enriquecen a los demás, compartiendo esa cualidad o habilidad generosamente, como si el regalo impusiera la obligación. Es el caso del artista húngaro Ferenc Cakó, bendecido con una prodigiosa capacidad para dibujar con arena. En este Titirimundi asombra con Sand Animation, un espectáculo de creación en directo en el que las escenas, los paisajes y los personajes que inventa Cakó sobre su mesa de trabajo se proyectan a lo grande en una pantalla de hechuras cinematográficas, como corresponde a la altura y al dinamismo de lo expuesto.

Además de una técnica apabullante, de un dominio tan exquisito del trazo, Sand Animation emociona porque es una alegoría del paso del tiempo, metáfora tras metáfora en una sucesión casi frenética. Todo es efímero, y lo bello, lo inquietante, lo amoroso y lo ingenuo desaparece enterrado o barrido con un solo golpe de mano, como se esconden los dibujos infantiles en la orilla del mar, borrados por las olas.

Cakó toma la mano de Vivaldi y Liszt como compañeros de viaje, y a su ritmo se desgranan los dibujos de forma natural, como si las composiciones hubieran sido encargadas ad hoc. En sus cuadros perecederos, el artista húngaro muestra un sorprendente manejo de la perspectiva y del volumen; nada es plano, y así el cielo se llena de aves en movimiento, los cabellos son ondulados, los cuerpos en escorzo, los rostros expresivos, los bailes acompasados. Y los espectadores boquiabiertos, esforzándose por disfrutar de lo fugaz y huidizo, y agradeciendo que Ferenc Cakó sea de esos a quienes les gusta compartir su don.

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