Por Alfonso Arribas. Foto Aina Zoilo.

Exhibicionismo y voyerismo. Una mezcla de ambas actitudes es Vu, el espectáculo quizá más inclasificable de la 31 edición de Titirimundi a cargo de Sacékripa. Y ni asomo de componente sexual en esa interacción. Es, más bien, la invitación de un tímido compulsivo a que otros, cuantos más mejor, asistan en silencio a sus rituales cotidianos.

El ritmo narrativo es pausado, casi inexistente. Son escenas encadenadas que presentan como ceremoniosos actos simples como echar un poco de leche fría al té o encender una vela.

El actor, encogido en una silla minúscula frente a una mesa de patas cortas y un cajón de mago, da rienda suelta a sus pequeñas obsesiones que resultan, depende de quién mire, algo patéticas, divertidas, incomprensibles o desesperantes.

Da un poco de pudor asistir al reflejo de ese mundo interior, permanecer asomado a ese espectáculo que no es tal. La atmósfera se vuelve densa y la reiteración en los gestos, en las pausas y en los tiempos no hace más que aumentar una cierta sensación de asfixia.

Tiene un elemento provocador, porque el exhibicionista apenas repara en sus mirones, y estos terminan preguntándose qué están observando, por qué lo hacen y qué placer puede proporcionar asistir a esa representación.

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